El periodo comprendido entre el término de la Segunda Guerra Mundial y el final de los
años 50 de la historia del siglo XX de los Estados Unidos de América se caracteriza por
un progreso económico sin precedentes, por un crecimiento vertiginoso de los índices de
natalidad y un gran consumo de bienes y mercancías como nunca antes hubo en la
historia de la humanidad y que imprime un sello específico a la época contemporánea. Se
impone en este país una cultura dominante, basada en los valores del éxito, bienestar
material individual, relaciones sociales y políticas conformistas, así como una aparente
estabilidad.
En la década de 1960 se produce la fractura del anterior clima de orden y optimismo a
consecuencia de fenómenos que se relacionan y refuerzan entre si. Ocurren los
asesinatos de grandes figuras públicas, la discriminación racial alcanza niveles
intolerantes y provoca el estallido de movimientos a favor de los derechos civiles de las
minorías; la necesidad de un trató igualitario hacia la educación de las minorías en
escuelas anteriormente destinadas para "blancos" se vuelve una exigencia. Crece la
oposición a la guerra de Vietnam, sobre todo entre los jóvenes, aparece una desconocida
violencia social producto de la combinación de la discriminación racial y las manifestaciones
en contra de la guerra, conformándose grupos armados que buscan ser tornados en
cuenta a partir de la defensa de sus derechos por medio de las armas, provocando
una respuesta más radical en contra de las minorías por parte de los anglosajones.
Como producto de las contradicciones sociales y políticas se da una acelerada
modificación en la cultura de la vida cotidiana conocida por los jóvenes como
"contracultura", en la que juega un papel protagónico el aparato constituido por los medios de
comunicación de masas en constante expansión, surgen nuevas formas de moral
sexual, música, modas, relaciones familiares y comportamientos contrarios a los modelos y
valores establecidos. En la segunda mitad de esta década se observa una evidente
división en la sociedad norteamericana caracterizada por la brecha generacional: de un
lado los adultos que, de acuerdo con la visión de los jóvenes, representaban la mentira, la
contradicción y el conformismo y, del otro, los jóvenes con una perspectiva más
progresista, desligados de un pasado y negando claramente cualquier intentó de dirección por
parte de la generación adulta.
En este contexto, se entiende que la escuela, hasta entonces considerada como una de
las instituciones más legitimas y confiables, se convierta en un objeto de denuncia y
crítica social, se le califica como promotora de la ideología y valores de un grupo
dominante, que no responde a los requerimientos de un sistema y se encuentra al margen
de las necesidades de los sujetos en formación. La escuela, entonces, se ubica en un
nuevo contexto, caracterizado por conflictos sociales y políticos. La visión presentada en
los textos incluidos en este tema llevan a la conceptualización de la escuela como un
medio que produce mediocridad y conformismo, que impide tanto la independencia como la
originalidad de pensamiento y que contribuye a la injusticia social y a la discriminación.
La crítica a la escuela por una corriente radical, genera la necesidad de pensar en una
posibilidad más constructiva, que considere las contradicciones que la sociedad encarna,
producto de una "revolución cultural", y reencauce las prácticas escolares cotidianas
durante la época, contrariamente a otras propuestas aún más radicales, encabezadas por
Illich y Reimer, que consideraron (y aún se sigue haciendo) la desescolarización de la
educación.
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